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Vivero Petruzzi se acerca a los 100 años como uno de los comercios históricos de Santa Rosa

El Vivero Petruzzi atraviesa su año número 100 y se prepara para celebrar en abril próximo un siglo de actividad en Santa Rosa. Considerado el comercio más antiguo de la ciudad, ofrece plantas, árboles frutales, rosales, plantines y macetas, y con el paso de las décadas se convirtió en parte del patrimonio histórico, cultural y natural de la capital pampeana. Markdown pegado
La historia comenzó con Eugenio Petruzzi, un inmigrante italiano que llegó a la Argentina siendo muy joven. Actualmente, el emprendimiento continúa en manos de su hija Doris, quien mantiene al frente un negocio familiar que ya transita su tercera generación.
A lo largo de casi un siglo, el vivero atravesó crisis económicas, cambios políticos y transformaciones tecnológicas, manteniendo su actividad y construyendo un vínculo con distintas generaciones de clientes.
De Italia a La PampaEugenio Petruzzi tenía 17 años cuando su padre decidió enviarlo a Génova para que tomara un barco rumbo a Estados Unidos. Su familia buscaba evitar que fuera enviado al frente de batalla ante la proximidad de la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, algo modificó aquel plan y finalmente Eugenio se embarcó con destino a la Argentina.
Sus padres, Giussepe y Assunta, vivían en Umbría, región italiana que años después Doris tendría la oportunidad de conocer.
Después de una extensa travesía, Eugenio llegó a Buenos Aires y fue alojado en el Hotel de los Inmigrantes. Desde allí comenzó su recorrido hacia el interior del país y, a partir de una referencia que tenía sobre el lugar, viajó en tren hasta Catriló.
Permaneció un tiempo en esa localidad hasta que un contacto lo llevó a Santa Rosa, donde comenzó a trabajar como cuidador de la cancha de bochas del Club Belgrano.
Un reencuentro que terminó formando una familiaMientras vivía en una pequeña habitación del club, Eugenio comenzó a relacionarse con una familia instalada en las cercanías. La coincidencia era particular: tanto él como aquellos vecinos provenían de Cittá di Castello, en Umbría.
Además, parte de esa familia había llegado a la Argentina en el mismo barco que Eugenio.
Entre sus integrantes estaba Oliva, hija de Palma y Domingo Bruschi. Durante aquella travesía tenía apenas dos años y su madre había pedido en más de una oportunidad al joven Eugenio que la ayudara a cuidarla.
Años más tarde, Oliva y Eugenio volvieron a encontrarse en La Pampa. Con el tiempo iniciaron una relación y se casaron el 19 de abril de 1941. Aunque el vivero ya existía, esa fecha fue tomada como la de su fundación.
La pareja tuvo dos hijos: Palma Doris, conocida como Doris, y Alberto, ya fallecido.
Doris posteriormente se casó con Félix Beascoechea y tuvieron tres hijos: Hugo, Darío y Mónica, quien falleció siendo muy joven. La familia se amplió luego con los nietos Julián, Román y Andrés, hijos de Mónica; Mateo, hijo de Hugo; y Félix, Alberto y Guadalupe, hijos de Darío.
La compra del terreno y el nacimiento del viveroEn Santa Rosa, Eugenio entabló una estrecha amistad con René Parada, uno de los primeros dirigentes del Club General Belgrano.
Fue Parada quien le recomendó comprar un terreno en la zona. En aquellos años, la familia Alonso había comenzado a lotear el sector y la posibilidad de pagar en cuotas terminó de convencerlo.
Eugenio adquirió una manzana completa frente al club, en la esquina de Tucumán y avenida Belgrano. Allí, junto con Oliva, comenzó a trabajar la tierra y a desarrollar el vivero.
Uno de los elementos fundamentales para el crecimiento del emprendimiento fue la instalación de un tanque australiano con capacidad para 100.000 litros de agua, equipado con una bomba sumergible ubicada a 60 metros de profundidad, destinada al riego.
Eugenio murió cuando tenía apenas 52 años, poco después de que Doris se casara con Félix Beascoechea.
Oliva decidió continuar con la actividad. En aquella época comercializaban eucaliptos, pinos, álamos y otras especies forestales provenientes de Buenos Aires, además de vegetales frescos producidos en la huerta.
Doris y Félix continuaron el emprendimientoCuando Félix dejó su trabajo anterior, se incorporó al vivero y comenzó a trabajar junto con Doris. Ambos viajaban en camión hasta Buenos Aires para adquirir las plantas que no producían en Santa Rosa, mientras el negocio continuaba creciendo.
Félix también tuvo una destacada trayectoria como ciclista y llegó a ser campeón pampeano en una época en la que competían, entre otros, Guillermo Wiggenhauser y Juan Carlos Vega. Eugenio, su suegro, también había practicado ciclismo años antes.
Tras la muerte de Félix, Doris quedó al frente del establecimiento y continuó con el proyecto iniciado por sus padres.
El crecimiento de Santa Rosa también transformó completamente el entorno del vivero. Décadas atrás, en el sector prácticamente solo se encontraban la cancha de General Belgrano, el establecimiento de los Petruzzi y algunas viviendas dispersas. Con los años, allí se desarrolló la Villa Alonso.
Un emprendimiento que llegó a la tercera generaciónDoris define al vivero como un emprendimiento estrictamente familiar que actualmente atraviesa su tercera generación.
La propietaria destaca como una de sus características históricas la atención personalizada y el asesoramiento a quienes llegan en busca de plantas o flores. La intención, explica, es dedicar tiempo a cada cliente y brindarle recomendaciones sobre las especies más adecuadas y el lugar donde deberían ubicarse.
Su actividad tampoco quedó limitada al comercio. Hace más de dos décadas, Doris participó en la creación del Centro Umbro de La Pampa, entidad que actualmente preside.
La iniciativa surgió por la importante presencia de descendientes de italianos en la provincia. Uno de los primeros en contactarse fue “Titi” Marinelli, cuya familia también provenía de Umbría.
Doris también integró en otra etapa la comisión directiva de la Cámara de Comercio. Cuando su hijo Hugo estudiaba en Bahía Blanca y la situación del negocio atravesaba dificultades, utilizó además su formación como profesora de dibujo para dar clases y generar ingresos adicionales para la familia. En ese período, según recordó, recibió una importante ayuda de su alumna Susana Álvarez, quien posteriormente también trabajó en el vivero.
Los preparativos para celebrar el centenarioAunque todavía faltan algunos meses, Doris ya comenzó a pensar en los festejos por los 100 años del Vivero Petruzzi.
La celebración se realizará en el salón de ventas, como ocurrió en otras oportunidades. Está previsto ofrecer un catering y permitir que los asistentes también puedan compartir un momento al aire libre entre las plantas y las flores.
“¡Claro que será especial! ¡Son 100 años!”, expresó Doris al referirse a una celebración que marcará un siglo desde el comienzo de un emprendimiento familiar que continúa funcionando en Santa Rosa.
