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Sociedad
Vendimia: reclaman menos burocracia y mayor libertad para recuperar la creatividad de la Fiesta

La Fiesta Nacional de la Vendimia necesita ideas, ingenio y talento, pero también mayor libertad para desarrollar nuevas propuestas sin abandonar sus tradiciones. A lo largo de los años, alrededor de la principal celebración mendocina se fue conformando una estructura integrada por funcionarios de Cultura, artistas habituales, comisiones de ex reinas y jurados cada vez más numerosos que, en lugar de favorecer el proceso creativo, parece restarle espacio.
El año pasado se estableció que la Fiesta debía poner especial énfasis en los 90 años de la Vendimia. Sin embargo, para la edición 2027 el Gobierno avanzó con lo que oficialmente definió como un “requisito argumental estricto y transversal” para los libretos que participen del concurso.
La exigencia determina que las propuestas deberán estructurar sus guiones a partir de un doble homenaje cultural: el centenario de la creación de Los Trovadores de Cuyo y el legado artístico de Pocho Sosa.
El cuestionamiento no está dirigido hacia las figuras elegidas, ambas de reconocido valor artístico, sino hacia el carácter obligatorio de la disposición gubernamental y el efecto que este tipo de condiciones puede tener sobre la creatividad.
Mientras algunos podrían argumentar que el Gobierno es quien financia la celebración, también cabe recordar que los recursos provienen de los impuestos de los mendocinos, quienes generan riqueza con su trabajo y tienen derecho a disfrutar de una Fiesta imaginativa.
Las décadas que transformaron la VendimiaQuienes comenzaron a presenciar las Vendimias durante los años '60 y '70 fueron testigos de las diferentes expectativas que generaba cada temporada el proceso creativo de la celebración.
Durante aquella etapa aparecieron algunas de las puestas en escena más imaginativas, con proyectos que transformaron la Fiesta y contribuyeron a darle reconocimiento internacional.
Uno de los cambios fundamentales ocurrió en 1963, cuando la Vendimia pasó al anfiteatro Frank Romero Day. El nuevo escenario permitió desplegar en otra dimensión el talento de directores, guionistas, escenógrafos y coreógrafos.
Entre las figuras centrales de aquella renovación estuvo el escritor Abelardo Vázquez, considerado, con justicia, el padre de la Vendimia moderna.
Vázquez participó en diferentes oportunidades como director, guionista o desempeñando ambas funciones. Su mirada vanguardista quedó reflejada en propuestas como “La vendimia de cristal” y “La vendimia del agua”, entre numerosas producciones que también influyeron sobre otros realizadores.
Desde finales de los años '50 ya se destacaba Alberto Rodríguez (h), quien adaptó varios guiones junto con Vázquez. También participó de la Vendimia Antonio Di Benedetto, quien se convertiría en una de las máximas figuras de la literatura mendocina.
A ellos se sumaron nombres como Eduardo Hualpa, Luis Villalba, Antonio Manzur y Eugenio Carbonari. En general, se trataba de figuras con una amplia formación cultural, algo que, desde esta mirada, no ha sido habitual durante las últimas décadas.
En las Vendimias de este siglo, salvo excepciones, los sucesivos guionistas han mostrado una medianía agobiante o una elementalidad poética de características escolares.
El peso creciente de las exigencias administrativasLa Fiesta también ha experimentado un proceso de burocratización, con un aumento de normas, trámites y documentación. Esa situación podría explicar, al menos en parte, la ausencia actual de figuras comparables con las de la etapa encabezada por Abelardo Vázquez.
El aspecto administrativo terminó adquiriendo mayor relevancia que el riesgo artístico. Los creadores de los años '60 tuvieron margen para desplegar una audacia que les permitió reinventar la celebración, mientras que actualmente los equipos deben ajustarse a directivas mucho más rígidas.
Las condiciones establecen cuánto espacio debe ocupar la música, cuántos cuadros de baile deben incorporarse, qué proporción corresponde al teatro y cuánto deben durar las diferentes escenas. De esa manera, un guionista o director que quiera competir debe adaptarse a esas reglas o desistir de participar.
La situación puede compararse con la lógica de los algoritmos utilizados en algunas series de plataformas, donde se determina cuántas escenas de determinadas características deben aparecer y en qué momento, o con qué frecuencia tienen que producirse situaciones de tensión o violencia para sostener la atención. Esa fórmula milimétrica termina relegando la capacidad inventiva del creador.
El lugar del director generalUn artista como Abelardo Vázquez concentraba en su figura las funciones de poeta, guionista, escenógrafo y director general, además de tomar decisiones de manera unilateral.
Entre aquellas determinaciones estuvieron utilizar como balcones escénicos los cerros que rodean el proscenio del Frank Romero Day o cubrir el enorme escenario central con un acrílico transparente iluminado desde abajo, creando la sensación de que los bailarines se desplazaban en el aire.
Actualmente, la función del director general aparece cada vez más desdibujada, mientras la denominación de director se extiende incluso a quienes están encargados del catering destinado a los artistas.
La crítica apunta, en definitiva, a que la Vendimia dejó de convocar a la vanguardia y a que los jurados ya no eligen a los “Abelardos”. El planteo es recuperar una mayor libertad artística para que la Fiesta pueda volver a renovarse, experimentar y respirar sin abandonar las tradiciones que forman parte de su identidad.
